Mucha es la gente que siempre soñó con ser dueña de su propia compañía pero muy pocos son los que realmente se animaron a tenerla. Solo se trata de animarse a emprender y dedicarse de lleno a un proyecto.
Lo primero: es pensar alguna idea, no hace falta que sea una gran idea o algo así, solo se trata de buscar algo que les haga falta a las personas o algo que se este haciendo mal y se pueda mejorar. Un buen método es mirar que cosas se hacen en otros lugares y adaptarlos a nuestra región.
Una vez que ya se tiene un rumbo, lo siguiente es armar un plan de negocios. No hay que poner en marcha ningún proyecto sin hacerlo. Eso significa contemplar la logística, los costos, la infraestructura disponible, etc.
Una vez que tenemos nuestro plan de negocios terminado es cuando debemos cerrar los ojos y dar un paso adelante apostando a nuestro proyecto. Es una situación muy difícil en la que seguramente comenzaremos a producir gastos y difícilmente logremos tener algún ingreso. A esta etapa la denomino “el valle de la muerte” y es uno de los momentos más difíciles en todas las compañías. Esta situación la debemos de tener contemplada en el plan de negocios.
Si no perdemos la calma y ponemos todo en nuestro proyecto, tenemos muchas posibilidades de sacar nuestra empresa adelante y atravesar este valle de la muerte. Recuerda que es normal que una empresa pierda plata en sus primeros meses de vida y ten en cuenta que siempre existe la posibilidad de que algún amigo, familiar o cualquier persona con la que nos hayamos topado en nuestra vida actúe como accionista y nos ayude a sacar adelante nuestro proyecto.
De todas formas, más haya de como comience nuestro camino, es importante que tengamos bien fijo en nuestra cabeza la idea de hacer una empresa grande, de hacerla crecer, que no nos pongamos ningún techo y que apuntemos lo más arriba posible. Pero a la vez debemos tener cuidado en que el entusiasmo inicial no se convierta en frustración.